
Una vez arriba el paisaje invernal se mostraba en toda su belleza
Castañares, quejigares, alcornocales, los 10 kilometros de camino ascendente sobre pedregales inmisericordes de la cuesta del
reventon habían merecido la pena, desde aqui un llamamiento
a que se arregle la cuesta al menos en un ancho que permida
poder recorrerla sin tener que recurrir despues al traumatologo
Los caducifolios ofrecen a estas alturas su imagen mas fantasmagórica, desprovistos por completo de hojas y alzándose entre la neblina

La humedad nos regala en marzo la posibilidad de observar hongos, si bien perdimos la ocasión de ver setas en un otoño tan seco, los hongos oportunistas saprófitos e incluso epífitos nos sugieren formas caprichosas. Crecen por doquier los hongos filiformes que se alojan en las pequeñas ocquedades de los árboles recreando un paisaje karstico con multitud de estalactitas, es la Clavulina cinerea

En los árboles los hongos epífitos se agarran a las ramas, en este caso la tremela (Tremella mesenterica), un hongo gelatinoso, que evidencia pudrición, ofrece formas caprichosas y una coloración fascinante cuando borta de las ramas de los árboles donde unicamente puede sobrevivir mientras la humedad se mantiene muy alta

Para finalizar el roble de la Fuente del Arco espera generoso al visitante y aún en el rigor del invierno nos regala sus hojas secas que con sus formas totalmente inusuales en estos campos sureños dan testimonio de una córdoba más húmeda y sobre todo de un clima más regular y no como el que ahora sufrimos donde las sequías de mas de 6 meses se alternan con riadas, inundaciones y crecidas de ríos como nunca se han visto

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